Parque Natural Serra da Enciña da Lastra

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Serra da Enciña da Lastra: una Galicia diferente

Paisajes de piedra caliza, pequeños pueblos y el valle del Sil en uno de los parques naturales menos conocidos de Galicia.

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Un rincón singular en el este de Galicia

En el extremo oriental de la provincia de Ourense, en el municipio de Rubiá y muy cerca de la frontera con León, se encuentra el Parque Natural de la Serra da Enciña da Lastra. Quizá sea uno de los espacios naturales menos conocidos de Galicia, pero basta con recorrer algunas de sus carreteras para descubrir un paisaje muy diferente del que estamos acostumbrados a ver en otras zonas de la región.

Aquí, el relieve está marcado por la piedra caliza, los grandes roquedos y las laderas que acompañan el curso del río Sil. La vegetación también tiene algo especial. Las encinas, los madroños, los castaños y los matorrales de carácter mediterráneo conviven en un territorio que, por momentos, parece más próximo a otras zonas de la Península que a la imagen más habitual del paisaje gallego.

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Declarado parque natural en 2002, este espacio protegido reúne valores naturales de gran interés, tanto por su flora como por la variedad de aves que encuentran refugio en los cortados y las formaciones rocosas. A todo ello se suman pequeños pueblos que conservan buena parte de su carácter rural y desde los que se pueden descubrir algunas de las panorámicas más hermosas del valle del Sil.

Mi reciente visita fue una primera aproximación a este territorio. Un recorrido en el que fui descubriendo lugares que merece la pena conocer sin prisas, deteniéndome en los detalles y en las vistas que aparecen a lo largo del camino.


Biobra, punto de partida

Comenzamos la ruta en Biobra, una pequeña aldea del municipio de Rubiá donde se encuentra el Centro de Visitantes del Parque Natural. Es un buen lugar para situarse y conocer un poco mejor el territorio antes de continuar la visita.

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Las propias calles de la aldea permiten acercarse a la arquitectura tradicional de la zona y a una forma de vida estrechamente ligada al medio rural. A su alrededor, las laderas y los montes anuncian lo que nos encontraremos más adelante: un relieve irregular, afloramientos rocosos y una vegetación que cambia según la orientación y las condiciones del terreno.

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Desde las proximidades de Biobra también se pueden buscar buenas vistas sobre los valles de los alrededores. Es un primer contacto con un paisaje que se vuelve cada vez más espectacular a medida que nos acercamos al río Sil.


Covas y el embalse de Peñarrubia

Uno de los lugares que más me llamó la atención fue Covas. La aldea se encuentra en un entorno marcado por las laderas rocosas y por la presencia del embalse de Peñarrubia, que retiene las aguas del Sil y crea un paisaje en el que el agua, la vegetación y la piedra parecen encajar de forma natural.

Uno de los puntos singulares es el cementerio de la aldea, situado en un entorno privilegiado desde el que se puede contemplar parte de este paisaje. Su ubicación sorprende por la relación directa con el relieve y por las vistas que ofrece sobre el territorio.

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Muy cerca del cementerio se encuentra también una encina centenaria, uno de los árboles singulares de la zona. Su presencia añade otro elemento de interés a este rincón, donde la vegetación autóctona, las formaciones rocosas y las vistas sobre el entorno componen un paisaje de gran belleza .

Otro lugar que merece la pena observar es la estación de tren de Covas, situada junto al embalse. La presencia de la infraestructura ferroviaria añade un elemento diferente a un entorno dominado por la naturaleza, mientras las montañas y los cortados que rodean el valle completan una escena con fuerte impacto visual.

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La zona ofrece distintos puntos desde los que contemplar el embalse y el valle del Sil. Son lugares en los que merece la pena detenerse un momento, observar cómo cambia la luz sobre las laderas y prestar atención a las formas de la piedra, tan características de esta parte del parque.

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Vilar de Silva y las vistas desde el mirador da Cruz

Continuando el recorrido llegamos a Vilar de Silva, una aldea que conserva su carácter rural y se integra en un paisaje especialmente abrupto. Las casas, los caminos y las tierras de cultivo ocupan pequeños espacios entre las laderas, adaptándose al terreno.

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Otro de los puntos destacados es el mirador da Cruz, desde el que se obtiene una amplia panorámica sobre el embalse de Peñarrubia y las formaciones rocosas que acompañan el curso del Sil. Desde aquí se aprecia bien el contraste entre las paredes de piedra, las laderas cubiertas de vegetación y la superficie del agua.

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Es una de esas vistas que ayudan a comprender la singularidad de la Enciña da Lastra. El relieve tiene aquí un protagonismo especial y condiciona tanto el paisaje como la distribución de las aldeas y los caminos que las comunican.


Pardollán, entre la montaña y el valle

Pardollán es otra de las pequeñas aldeas que merece la pena conocer dentro del parque. Su entorno permite seguir descubriendo esa combinación de núcleos rurales, laderas rocosas y vegetación que caracteriza buena parte de este territorio.

En las proximidades se encuentra la ermita de San Esteban de Pardollán. Aunque no llegué a visitarla por falta de tiempo y porque el acceso no era fácil, su existencia añade interés a la visita. Su presencia recuerda que estas montañas y valles también fueron espacios habitados y transitados durante siglos, en los que las comunidades locales construyeron su propio patrimonio.

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Mención aparte merece la cantina de la aldea, uno de los pocos lugares de la zona donde tomar algo fresco (o una bebida caliente, dependiendo de la época del año) por un precio módico. Allí, rodeado de montañas y de laderas cubiertas de encinas, pude disfrutar de un momento de descanso en un ambiente especialmente acogedor. Me llamó especialmente la atención la exposición de fotografías antiguas en blanco y negro que había en su interior, con imágenes de personas de la propia aldea que permiten asomarse a su memoria.

La amabilidad y la hospitalidad de la gente de Pardollán hicieron que la visita fuera redonda, dejándome un recuerdo muy especial de este lugar.


Otras aldeas que forman parte de la sierra

El recorrido puede completarse con una visita a otros lugares del parque, como O Robledo da Lastra, Oulego, O Porto o O Real. Son pequeñas aldeas repartidas por el territorio que permiten conocer mejor la relación entre las personas y este paisaje.

Cada una tiene sus particularidades, pero todas comparten una escala humana y una integración en el entorno que resulta especialmente interesante en una zona donde el relieve condiciona tanto la vida cotidiana. Los cultivos, los sotos, los caminos y las construcciones tradicionales forman parte de un paisaje que ha ido cambiando con el paso del tiempo, sin perder por completo su identidad rural.

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Una naturaleza diferente de la que asociamos a Galicia

La singularidad de la Serra da Enciña da Lastra también se explica por su flora y su fauna. Las encinas son una de las especies más representativas, acompañadas por madroños, alcornoques, castaños y matorrales mediterráneos en los que aparecen plantas aromáticas como el tomillo y el cantueso. En los terrenos calizos crecen también numerosas especies de orquídeas silvestres.

Entre las plantas más singulares destaca la Petrocoptis grandiflora, una especie endémica ligada a las formaciones calizas de esta zona y considerada en peligro de extinción en Galicia. Crece en las grietas y repisas de los roquedos, adaptada a unas condiciones muy particulares. Su distribución restringida la convierte en uno de los ejemplos más destacados de la riqueza botánica de este parque natural.

Los cortados y las paredes rocosas también ofrecen refugio a una importante comunidad de aves. Entre las especies más destacadas están el águila real, el alimoche, el halcón peregrino y el búho real, que encuentran en estos espacios escarpados lugares adecuados para vivir y reproducirse. La diversidad de hábitats permite además la presencia de otras aves propias de los medios rocosos, así como de especies vinculadas a los bosques y los matorrales mediterráneos.

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La riqueza natural de la Enciña da Lastra no se limita a las plantas y las aves. El parque alberga también una notable diversidad de mariposas, con más de un centenar de especies identificadas y algunas de ellas muy raras en Galicia.

La sierra destaca igualmente por la presencia de numerosas cuevas naturales, conocidas en la zona como palas, que albergan colonias de murciélagos. Junto a ellos, otros mamíferos, reptiles y anfibios forman parte de la biodiversidad de este territorio.

La combinación de roca caliza, clima, vegetación y relieve hace de la Enciña da Lastra un espacio natural excepcional en el contexto gallego. Un lugar en el que, más allá de los paisajes que se pueden contemplar desde las carreteras y los miradores, también existe una riqueza natural que merece ser conocida y protegida.


Fotografiar el paisaje y los lugares que lo habitan

Visitar la Serra da Enciña da Lastra fue una oportunidad para descubrir una parte de Galicia que, para mí, todavía era desconocida. Las panorámicas del embalse de Peñarrubia, las formaciones rocosas, las pequeñas aldeas y los detalles de la vegetación componen un conjunto muy diverso, en el que cada lugar tiene algo propio.

Al fotografiar estos espacios me interesa tanto el paisaje en su amplitud como los elementos que ayudan a entenderlo: una aldea encajada en la ladera, un árbol que lleva décadas creciendo en el mismo lugar o una construcción que parece formar parte del terreno.

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Este reportaje recoge solo una pequeña parte de lo que ofrece el parque, pero sirve como invitación a acercarse a él, recorrerlo con calma y descubrir un paisaje que merece mucha más atención de la que suele recibir.

Porque también existe una Galicia de piedra caliza, grandes cortados y vegetación mediterránea. Y la Serra da Enciña da Lastra es uno de los mejores lugares para descubrirla.


Fotografías: © Juan Carlos Asorey


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